2022
Año en que entra en vigor la CIE-11 de la OMS, con el trastorno por comportamiento sexual compulsivo.
Guía · Mitos
La OMS no usa la palabra adicción para el porno. Desde 2022, su clasificación CIE-11 incluye el trastorno por comportamiento sexual compulsivo, del que el consumo de pornografía puede formar parte, entre los trastornos del control de los impulsos. El DSM-5 de la psiquiatría estadounidense no lo recoge. Lo que define el problema es perder el control durante meses, con malestar o deterioro, más que la cantidad.
Equipo de EverRise · Actualizado el 28 de octubre de 2026 · 10 min de lectura
2022
Año en que entra en vigor la CIE-11 de la OMS, con el trastorno por comportamiento sexual compulsivo.
6meses
Duración orientativa del patrón que describe la CIE-11: «por ejemplo, 6 meses o más».
8,6%
De 2.325 adultos de EE. UU. superó el umbral de malestar por no controlar sus impulsos sexuales.
3,2%
En riesgo de uso problemático de porno con la escala PPCS, en 82.243 personas de 42 países.
La Organización Mundial de la Salud publica la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Su undécima versión, la CIE-11, entró en vigor el 1 de enero de 2022 e incluye el trastorno por comportamiento sexual compulsivo, con el código 6C72.
La OMS lo describe como un patrón persistente de incapacidad para controlar impulsos sexuales intensos y repetitivos, que lleva a un comportamiento sexual repetitivo. Entre los síntomas cita que la actividad sexual se convierta en el centro de la vida de la persona hasta el punto de descuidar su salud, su cuidado personal u otros intereses y responsabilidades; los numerosos intentos fallidos de reducirla; y que continúe a pesar de las consecuencias negativas o aunque apenas produzca satisfacción. El patrón tiene que mantenerse durante un periodo prolongado, «por ejemplo, 6 meses o más», y causar un malestar marcado o un deterioro importante en la vida personal, familiar, social, académica o laboral.
La CIE-11 añade un matiz que importa mucho: el malestar que se debe por completo a juicios morales o a la desaprobación de los propios impulsos o conductas sexuales no basta para el diagnóstico. Sentirse mal por ver porno, cuando choca con tus valores, es real y merece atención, pero no equivale por sí solo a un trastorno.
La ubicación también dice algo. La CIE-11 coloca este trastorno en el grupo de los trastornos del control de los impulsos, junto a la piromanía, la cleptomanía y el trastorno explosivo intermitente. Las dos conductas que la OMS sí clasifica como comportamientos adictivos, el trastorno por juego de apuestas y el trastorno por uso de videojuegos, están en otro grupo: los trastornos debidos a comportamientos adictivos.
ORGANISMO OFICIAL2022
Incapacidad persistente para controlar impulsos sexuales intensos, con intentos fallidos de reducir la conducta, continuidad pese a las consecuencias o a la poca satisfacción, durante unos 6 meses o más y con malestar o deterioro. El malestar solo moral no basta.
Organización Mundial de la Salud
CIE-11, código 6C72
Límites de la evidenciaEs una clasificación diagnóstica. Describe el trastorno y no evalúa tratamientos.
Ver la fuente↗El DSM-5 es el manual de diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. No incluye la adicción a la pornografía ni a la conducta sexual.
No fue por falta de propuestas. En 2010 se propuso para el DSM-5 un «trastorno hipersexual» (Kafka, 2010), con criterios como dedicar a las fantasías y conductas sexuales un tiempo que interfiere con otras obligaciones, recurrir a ellas ante la ansiedad, la tristeza, el aburrimiento o el estrés, y fracasar repetidamente al intentar reducirlas. Un estudio de campo con 207 pacientes encontró que esos criterios eran fiables y válidos. Aun así, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría lo dejó fuera del manual publicado en 2013.
Lo que el DSM-5 sí hizo fue trasladar el trastorno por juego de apuestas a la sección de trastornos relacionados con sustancias y adictivos, e incluir el trastorno por juego en internet en un apéndice de investigación. Una revisión de 2018 sobre las adicciones conductuales concluye que, para el resto de candidatas, entre ellas la conducta sexual, los datos todavía no son concluyentes.
ESTUDIO DE CAMPO2012
207 pacientes evaluados por entrevistadores que no conocían su diagnóstico. Los criterios del trastorno hipersexual mostraron alta fiabilidad entre evaluadores, estabilidad en el tiempo y validez frente a otras medidas. El DSM-5 no los incluyó.
Reid y cols., 2012
The Journal of Sexual Medicine, 9(11):2868-2877
Límites de la evidenciaPacientes que ya buscaban ayuda en clínicas. No estima cuántas personas tienen el problema en la población.
Ver la fuente↗Un artículo de debate de 2022 resume dónde está hoy la discusión: en cómo clasificar el problema, una vez aceptado como trastorno. Quienes defienden el modelo de adicción señalan que algunos hallazgos se parecen a los de las drogas. En un estudio de 2014, las personas con conducta sexual compulsiva mostraron ante los videos explícitos más deseo, sin más disfrute, y según el mismo equipo esos videos activaban una red cerebral parecida a la que se observa ante las señales de las drogas. Otro estudio con 64 hombres encontró que, a más horas de consumo, había menos materia gris en el estriado, un dato que no permite saber qué fue primero.
Quienes se oponen responden que esas pruebas son parciales. El artículo de debate de 2022 concluyó que gran parte de la literatura es anecdótica, que las cifras de prevalencia se contradicen y que no hay acuerdo sobre qué síntomas definen el trastorno, de modo que la evidencia estudia síntomas sueltos y no el cuadro completo. Sus autores consideran que hoy no hay datos suficientes para tratarlo como una adicción.
Tampoco las dos propuestas coinciden. Un análisis de 2022 que compara la CIE-11 con el trastorno hipersexual señala que el trastorno hipersexual incluía usar el sexo para regular emociones incómodas o el estrés, algo que la CIE-11 dejó fuera, y que la CIE-11 añadió dos elementos nuevos: la exclusión del malestar solo moral y la continuidad de la conducta aunque apenas produzca placer.
DESCRIBE, NO TRATA2014
Ante los mismos videos explícitos, el grupo con comportamiento compulsivo mostró más deseo pero no más disfrute. Indica que desear y disfrutar pueden ir por separado.
Voon y cols., 2014
PLoS ONE
Límites de la evidenciaDiecinueve personas por grupo, comparadas en un solo momento: no permite saber cómo se llegó a esa diferencia.
Ver la fuente↗ARTÍCULO DE DEBATE2022
Gran parte de la literatura es anecdótica, la prevalencia se contradice entre estudios y no hay acuerdo sobre los criterios. Los autores concluyen que no hay datos suficientes para considerarlo una adicción conductual.
Sassover y Weinstein, 2022
Journal of Behavioral Addictions, 11(2):166-179
Límites de la evidenciaArtículo de posición dentro de un debate. La misma revista publicó respuestas que defienden otros enfoques.
Ver la fuente↗MEDIDO EN ESTO2019
La «adicción autopercibida» se predice sobre todo por el choque con los propios valores, a veces más que por cuánto consumes.
Grubbs y Perry, 2019
Journal of Sex Research
Límites de la evidenciaSon estudios correlacionales: indican qué acompaña a sentirse adicto, sin establecer qué lo causa.
Ver la fuente↗Las cifras cambian mucho según el cuestionario. En una muestra representativa de 2.325 adultos de Estados Unidos, el 8,6 % superó el umbral clínico de una escala que mide el malestar y el deterioro por no controlar los impulsos sexuales: el 10,3 % de los hombres y el 7,0 % de las mujeres. Las diferencias entre sexos fueron menores de lo que se esperaba.
Para la pornografía en concreto, el estudio más grande hasta la fecha, con 82.243 personas de 42 países, situó en riesgo al 3,2 % con la escala PPCS y al 16,6 % con otro cuestionario, el BPS. Un metaanálisis de 2025 con 22 estudios estimó alrededor de un 13 %, con un intervalo del 8 % al 19 %.
Dickenson y cols., 2018; Bőthe y cols., 2024; metaanálisis en Sexual Health, 2025. Cada cifra mide algo distinto con un instrumento distinto.
Ninguna de estas cifras es un diagnóstico. Son cuestionarios de cribado, que detectan a quién convendría evaluar con más detalle. También muestran que el problema es frecuente y que afecta a mujeres, lo que ayuda a hablar de él sin vergüenza.
La Clínica Cleveland lo resume en una frase: los profesionales buscan la pérdida de control y el impacto negativo, no solo con qué frecuencia ocurre la actividad sexual. Tener un deseo sexual intenso, añade, no significa tener el trastorno. Estas son las señales que conviene mirar, según la CIE-11, la Clínica Cleveland y los criterios propuestos para el DSM-5:
Si te reconoces en varias, no hace falta que te pongas ninguna etiqueta para empezar a cambiar. Puedes medir tu punto de partida con el test de uso problemático de pornografía o con el test de conducta sexual compulsiva, y en cómo dejar el porno explicamos los pasos que tienen respaldo. La terapia es el tratamiento principal según la Clínica Cleveland. De 24 estudios de tratamiento revisados en 2022, 18 eran psicoterapias con componentes de terapia cognitivo-conductual.
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No con ese nombre. Desde el 1 de enero de 2022, la CIE-11 de la OMS incluye el trastorno por comportamiento sexual compulsivo, del que el consumo compulsivo de pornografía puede formar parte. Lo clasifica entre los trastornos del control de los impulsos y no entre las adicciones, donde sí están el juego de apuestas y los videojuegos.
No. El DSM-5 de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría no incluye la adicción a la pornografía. En 2010 se propuso un «trastorno hipersexual» y un estudio de campo con 207 pacientes encontró que sus criterios funcionaban, pero el manual publicado en 2013 lo dejó fuera.
Es el diagnóstico de la CIE-11 para un patrón persistente de incapacidad para controlar impulsos sexuales intensos, con intentos fallidos de reducir la conducta y continuidad pese a las consecuencias o a la poca satisfacción. Tiene que durar unos 6 meses o más y causar malestar o deterioro. El malestar solo moral no basta.
Para la OMS, el consumo se vuelve un problema clínico cuando hay pérdida de control mantenida durante meses, con malestar marcado o deterioro en tu vida. La frecuencia por sí sola no lo define. Las señales más claras son los intentos fallidos de dejarlo, seguir pese a las consecuencias y usarlo para escapar del malestar.
Ni la CIE-11 ni el DSM-5 describen cuatro niveles para el consumo de pornografía. La CIE-11 define un único trastorno, el de comportamiento sexual compulsivo, por la pérdida de control, el tiempo que dura y el malestar o deterioro que causa. Para saber dónde estás, sirve más un cuestionario validado que una escala de niveles.
Fíjate en el control, no solo en la cantidad: si has intentado dejarlo sin conseguirlo, si te quita tiempo de cosas que te importan o si lo usas para escapar del estrés. Un cuestionario validado, como el PPCS o el BPS, te da una primera medida, y un profesional puede hacer una evaluación completa.
Fuentes
Actualizado el 28 de octubre de 2026. Las cifras se presentan tal como las reportan sus fuentes.
EverRise no es un tratamiento médico ni sustituye a un profesional de la salud.
Un plan para cada día, herramientas para los momentos difíciles y un progreso que una recaída no borra.