88,2%
De las escenas de los videos más vendidos contenía agresión física.
Guía · Efectos con evidencia
La investigación describe el porno como una fuente de guiones sexuales: quién desea, quién decide y cómo se trata a la otra persona. Los análisis de contenido encuentran agresión física en buena parte de las escenas, casi siempre contra mujeres que responden con placer o indiferencia. Los estudios con espectadores asocian el consumo con ver a las mujeres como objetos sexuales y con más tolerancia hacia la agresión sexual.
Equipo de EverRise · Actualizado el 28 de octubre de 2026 · 12 min de lectura
88,2%
De las escenas de los videos más vendidos contenía agresión física.
45%
De las escenas analizadas en Pornhub incluía al menos un acto de agresión física.
962
Adolescentes seguidos en el estudio en que el porno y ver a las mujeres como objetos se reforzaban entre sí.
22
Estudios de 7 países en el metaanálisis que asocia el consumo con la agresión sexual.
Los investigadores de la comunicación llaman guiones sexuales a las ideas sobre el sexo que se forman a partir de lo que se ve: qué se espera de cada persona, qué es deseable, cómo reacciona el otro. Según un modelo usado en este campo, primero se aprende un guion concreto, como que las mujeres existen para la satisfacción sexual de los hombres, y después ese guion se extiende a actitudes más generales, como la manera de juzgar la violencia sexual (Wright y Tokunaga, 2016).
El porno se diferencia de otros medios en que es explícito y en que el contacto empieza pronto. En una encuesta de Save the Children a 1.680 adolescentes españoles, casi 7 de cada 10 consumían pornografía y el primer acceso llegaba, de media, a los 12 años (Save the Children, 2020). Para entender qué guiones transmite hace falta mirar dos cosas por separado: lo que muestra la pantalla y lo que cambia en quien la mira.
Un análisis de contenido es un estudio que examina escenas una por una y cuenta lo que ocurre en ellas, sin incluir a los espectadores. Uno publicado en 2010 analizó 304 escenas de los videos pornográficos más vendidos. El 88,2 % contenía agresión física, sobre todo azotes, arcadas provocadas y bofetadas, y el 48,7 % agresión verbal. Quienes agredían eran en su mayoría hombres, y quienes recibían la agresión, abrumadoramente mujeres, que respondían con más frecuencia mostrando placer o con indiferencia (Bridges y cols., 2010).
DESCRIBE, NO TRATA2010
El 88,2 % de las escenas contenía agresión física (sobre todo azotes, arcadas provocadas y bofetadas) y el 48,7 %, agresión verbal. Las agredidas eran abrumadoramente mujeres, que respondían con más frecuencia con placer o con indiferencia.
Bridges, Wosnitzer, Scharrer, Sun y Liberman, 2010
Violence Against Women
Límites de la evidenciaDescribe 304 escenas de los videos más vendidos de su época y no incluye a espectadores.
Ver la fuente↗DESCRIBE, NO TRATA2020
En 4.009 escenas heterosexuales de Pornhub y Xvideos, el 45 % y el 35 % incluían al menos un acto de agresión física. Los más frecuentes fueron los azotes, las arcadas provocadas, las bofetadas, los tirones de pelo y la asfixia. Las mujeres fueron el blanco de la agresión en el 97 % de las escenas, y su respuesta solía ser neutral o positiva.
Fritz, Malic, Paul y Zhou, 2020
Archives of Sexual Behavior, 49(8):3041-3053
Límites de la evidenciaDescribe el contenido, no su efecto en quien lo ve. Las consecuencias de la agresión casi nunca aparecían en pantalla.
Ver la fuente↗Bridges y cols., 2010 (304 escenas); Fritz y cols., 2020 (4.009 escenas). Cada estudio define y cuenta la agresión a su manera, de modo que las cifras no se comparan entre sí.
Hay un dato que matiza el cuadro. Un estudio con 269 videos populares subidos a Pornhub durante una década no encontró un aumento constante de la agresión con los años, y los videos con actos agresivos tenían menos probabilidad de recibir visitas y de estar bien valorados; el público prefería los videos en los que las mujeres mostraban placer de forma clara (Shor y Seida, 2019). Que la agresión esté muy presente no quiere decir que sea lo que la mayoría busca.
Visto como guion, el mensaje que se repite tiene, aun así, una forma reconocible: la agresión casi siempre va de hombres hacia mujeres, la mujer responde con placer o con indiferencia y no hay consecuencias.
Cosificar es percibir a una persona por su cuerpo o por su función sexual, dejando en segundo plano sus pensamientos, sus deseos y su voz.
Un estudio longitudinal siguió a 962 adolescentes neerlandeses en tres momentos. El consumo de material sexual explícito en internet aumentaba la idea de que las mujeres son objetos sexuales, y esa idea, a su vez, aumentaba el consumo: la influencia iba en las dos direcciones. El efecto del consumo sobre la cosificación fue igual en chicos y chicas, y en los dos casos pasaba por cuánto les gustaba ese material (Peter y Valkenburg, 2009).
MEDIDO EN ESTO2009
Encuesta en tres oleadas a 962 adolescentes de los Países Bajos. Ver material sexual explícito en internet y pensar en las mujeres como objetos sexuales se reforzaban entre sí con el tiempo. La influencia del pensamiento sobre el consumo solo fue significativa en los chicos.
Peter y Valkenburg, 2009
Journal of Communication, 59:407-433
Límites de la evidenciaAdolescentes de un solo país y medidas por cuestionario. Al seguir a los mismos jóvenes en el tiempo, permite estudiar la dirección del efecto mejor que una encuesta única.
Ver la fuente↗MEDIDO EN ESTO2016
En 187 universitarios, ver con más frecuencia pornografía y otros medios que cosifican a las mujeres predijo más ideas de las mujeres como objetos sexuales, y esas ideas, a su vez, actitudes más favorables a la violencia contra las mujeres.
Wright y Tokunaga, 2016
Archives of Sexual Behavior, 45(4):955-964
Límites de la evidenciaHombres universitarios encuestados una sola vez; incluye revistas masculinas y programas de telerrealidad junto al porno.
Ver la fuente↗La cosificación no se queda en el porno. Una revisión de 135 estudios sobre los medios sexualizados en general encontró que en los experimentos la exposición llevaba a hombres y mujeres a valorar a las mujeres como menos competentes, menos morales y menos humanas (Ward, 2016). Por eso, al cambiar tu forma de mirar, también cuenta lo que ves en redes sociales.
Hay quien lo nota en primera persona, al darse cuenta de que mira a desconocidos con un filtro sexual que no eligió. De esa experiencia y de cómo cambiarla tratamos en cómo desexualizar tu mente.
La segunda línea de estudios mira las actitudes y las conductas relacionadas con la agresión sexual. Un metaanálisis de estudios no experimentales encontró una asociación positiva y significativa entre el consumo de porno de los hombres y las actitudes que justifican la violencia contra las mujeres. La asociación era más fuerte con el porno violento, aunque también apareció con el no violento (Hald y cols., 2010).
METAANÁLISIS2016
En 22 estudios de 7 países, el consumo se asoció con conductas sexualmente agresivas en hombres y mujeres, en estudios transversales y longitudinales. La asociación fue más fuerte con la agresión verbal que con la física, y se observó en adultos y en adolescentes. El contenido violento podría intensificarla, aunque esa diferencia no resultó significativa.
Wright, Tokunaga y Kraus, 2016
Journal of Communication
Límites de la evidenciaUna asociación media en grupos grandes no permite predecir lo que hará una persona concreta, y los estudios transversales no establecen la dirección.
Ver la fuente↗ENCUESTA2020
En una encuesta a una muestra probabilística de estadounidenses de 18 a 60 años, el consumo de porno se asoció con haber practicado conductas como la asfixia o los azotes, también al tener en cuenta la edad y la edad del primer contacto con el porno. El 21,4 % de las mujeres dijo haber sido asfixiada durante el sexo alguna vez.
Herbenick, Fu, Wright, Paul, Gradus, Bauer y Jones, 2020
Journal of Sexual Medicine, 17(4):623-633
Límites de la evidenciaEncuesta en un único momento: no distingue si el porno lleva a estas prácticas o si quien las busca consume más porno.
Ver la fuente↗La asfixia durante el sexo es un buen ejemplo de un guion que circula. En Inglaterra, en una muestra representativa de jóvenes de 16 a 21 años, el 58 % había visto contenido pornográfico con estrangulamiento (Children's Commissioner, 2025). Los autores de la encuesta estadounidense piden a los profesionales sanitarios que estén atentos a estos cambios en la conducta sexual, sobre todo a prácticas que pueden causar daño, como la asfixia (Herbenick y cols., 2020).
Sería un error leer todo lo anterior como si el porno convirtiera a cualquiera en otra persona. Los estudios con espectadores son casi todos correlacionales, y el de los adolescentes neerlandeses muestra que la influencia va en las dos direcciones: el porno refuerza ciertas ideas y esas ideas llevan a buscar más porno (Peter y Valkenburg, 2009).
Además, los estudios no muestran el mismo efecto en las actitudes generales sobre la igualdad. En una encuesta representativa de Estados Unidos, quienes consumían porno se mostraron más igualitarios que quienes no lo hacían en tres temas: las mujeres en puestos de poder, el trabajo de las mujeres fuera de casa y el aborto, y no hubo diferencias en otros dos (Kohut y cols., 2016). La señal que se repite de un estudio a otro está en otra parte: en la idea de las mujeres como objetos sexuales y en la tolerancia hacia la agresión dentro del sexo.
También influye el tipo de contenido. El porno violento se asocia con más fuerza con las actitudes que justifican la agresión (Hald y cols., 2010), y buena parte de los estudios citados aquí se hizo con hombres o con escenas heterosexuales. De otros grupos se sabe mucho menos.
Si lo que ves con frecuencia moldea tu manera de mirar, cambiar lo que ves es el punto de partida. Y hay un dato alentador: entender qué es el porno parece reducir su influencia.
En un estudio longitudinal con 1.947 jóvenes de 13 a 25 años, la relación entre ver porno en internet y tener ideas sexistas era más débil en quienes decían haber aprendido más sobre la pornografía en la educación escolar (Vandenbosch y van Oosten, 2017).
MEDIDO EN ESTO2017
En 1.947 jóvenes de 13 a 25 años seguidos en el tiempo, el vínculo entre consumir porno en internet y tener ideas sexistas se debilitaba cuanto más decían haber aprendido sobre la pornografía en la escuela. No hubo diferencias por sexo ni por edad.
Vandenbosch y van Oosten, 2017
Journal of Communication, 67(6):1015-1036
Límites de la evidenciaLo aprendido en clase lo cuenta el propio participante, y el estudio no compara un programa concreto con un grupo de control.
Ver la fuente↗Con esa base, estos pasos pueden ayudarte a recuperar una mirada más completa:
EverRise es una app de iOS en español para dejar el porno, basada en investigación científica. Su programa de 90 días te da una misión cada día y 21 lecciones en «Aprender» que explican qué le pasa al cerebro con el porno y por qué cuesta dejarlo, cada una con una pregunta de comprobación.
Entre sus ocho ejercicios guiados de terapia cognitivo-conductual y de aceptación y compromiso están «Tomar distancia de un pensamiento», «Identificar la frase que alimenta el impulso» y «Mapa de un disparador», que te ayudan a reconocer qué te empuja y en qué momento. El bloqueo de contenido con el Tiempo en pantalla de iOS reduce lo que llega a tu pantalla a las horas que tú eliges, y el botón de pánico te acompaña cuando las ganas aprietan.

En la app
Cada lección de «Aprender» trae cuatro ideas y una pregunta de comprobación. La primera explica qué está pasando en tu cerebro.
Los estudios con espectadores asocian el consumo con ver a las mujeres como objetos sexuales. En un estudio que siguió a 962 adolescentes neerlandeses, el porno y esa idea se reforzaban entre sí con el tiempo. En cambio, en una encuesta de Estados Unidos los consumidores no eran menos igualitarios en temas como el trabajo de las mujeres o su acceso al poder.
El porno repite una forma de mirar centrada en el cuerpo y en la función sexual, y según la teoría de los guiones sexuales lo que se ve con frecuencia deja ideas sobre cómo funcionan las cosas. Los estudios asocian el consumo con la cosificación, y una revisión de 135 estudios encontró un efecto parecido con otros medios sexualizados. Reducir la exposición y nombrar ese pensamiento cuando aparece ayuda a recuperar distancia.
Buena parte lo es. En 304 escenas de los videos más vendidos, el 88,2 % contenía agresión física, y en 4.009 escenas de Pornhub y Xvideos, entre el 35 % y el 45 %. Casi siempre iba dirigida a mujeres que respondían con placer o con indiferencia. Un estudio de Pornhub encontró, en cambio, que los videos agresivos tenían menos probabilidad de recibir visitas y buenas valoraciones.
Un metaanálisis de 22 estudios en 7 países asoció el consumo con conductas sexualmente agresivas, más con la agresión verbal que con la física, en hombres y en mujeres. Otro asoció el consumo con actitudes que justifican la violencia contra las mujeres, con más fuerza en el porno violento. Son asociaciones en grupos grandes y no predicen lo que hará una persona concreta.
Hay señales de que sí. En un estudio con 1.947 jóvenes, el vínculo entre consumir porno y tener ideas sexistas se debilitaba en quienes decían haber aprendido más sobre la pornografía en la escuela. Reducir la exposición, también en redes sociales, y notar cuándo aparece la mirada sexual ayudan a recuperar una visión más completa de las personas.
Los estudios lo apuntan. En una encuesta representativa de Estados Unidos, el consumo se asoció con haber practicado conductas frecuentes en el porno, como la asfixia, y el 21,4 % de las mujeres dijo haber sido asfixiada alguna vez. Si notas que las escenas marcan lo que pides o imaginas, conviene hablarlo con tu pareja y, si hace falta, con un profesional.
Fuentes
Actualizado el 28 de octubre de 2026. Las cifras se presentan tal como las reportan sus fuentes.
EverRise no es un tratamiento médico ni sustituye a un profesional de la salud.
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