29%
Como máximo, quienes veían porno a menudo sin uso problemático. Con uso problemático, del 3 al 8 %.
Guía · Efectos con evidencia
Ver porno a diario tiene costos medibles: media hora al día suma más de 180 horas al año, y en los hombres un mayor consumo se asocia con menos satisfacción sexual y en la pareja. La frecuencia, por sí sola, no define un problema. Lo que lo marca es el control: intentar reducirlo sin conseguirlo, seguir pese a las consecuencias y disfrutarlo cada vez menos.
Equipo de EverRise · Actualizado el 28 de octubre de 2026 · 11 min de lectura
29%
Como máximo, quienes veían porno a menudo sin uso problemático. Con uso problemático, del 3 al 8 %.
3,2%
En riesgo de uso problemático según la escala PPCS, en 82.243 personas de 42 países.
6meses
O más: el periodo que da como ejemplo la CIE-11 para el trastorno de conducta sexual compulsiva.
64
Hombres en el estudio que asoció más horas de consumo con menos materia gris en el estriado.
La respuesta depende menos del número de días que de lo que ese hábito te está costando. Un equipo húngaro lo estudió en tres muestras con más de 15.000 personas: separó a los participantes según cuánto porno veían y según si su consumo era problemático, es decir, si les generaba pérdida de control y malestar. Aparecieron tres grupos, y el de quienes veían porno a menudo sin un uso problemático fue de tres a seis veces más numeroso que el de quienes lo veían a menudo con un uso problemático (Bőthe y cols., 2020).
MEDIDO EN ESTO2020
Tres estudios en Hungría, con 14.006, 483 y 672 participantes. Entre el 68 % y el 73 % veía porno poco y sin problemas; entre el 19 % y el 29 %, a menudo y sin problemas; y entre el 3 % y el 8 %, a menudo y con un uso problemático. Este último grupo tenía más síntomas depresivos, más hipersexualidad y menos autoestima que el de uso frecuente sin problemas.
Bőthe, Tóth-Király, Potenza, Orosz y Demetrovics, 2020
Journal of Sexual Medicine, 17(4):793-811
Límites de la evidenciaMuestras no clínicas de un solo país, con datos de cuestionario recogidos en un único momento.
Ver la fuente↗Ver porno a diario no te convierte en alguien con un trastorno, y nadie debería ponerte una etiqueta por la frecuencia. Al mismo tiempo, en esos estudios el uso problemático solo apareció en el grupo que veía porno a menudo. Los investigadores concluyen que la frecuencia no es un indicador suficiente ni fiable del problema (Bőthe y cols., 2020), y por eso lo útil es mirar qué está cambiando en tu vida.
El costo más fácil de medir es el tiempo. Veinte minutos al día suman unas 122 horas al año; media hora, 182,5 horas; una hora, 365 horas, el equivalente a más de quince días completos. En la calculadora de horas puedes hacer la tuya.
Querer y disfrutar pueden ir por separado. En un estudio de neuroimagen, las personas con conducta sexual compulsiva mostraron más deseo ante los mismos videos explícitos que el grupo de comparación, pero no más disfrute (Voon y cols., 2014). Otro experimento encontró que los hombres con conducta sexual compulsiva preferían más las imágenes sexuales nuevas y que una zona del cerebro llamada cíngulo dorsal se habituaba más a las imágenes sexuales repetidas, es decir, respondía cada vez menos a ellas; cuanto mayor era esa habituación, mayor era la preferencia por la novedad (Banca y cols., 2016).
DESCRIBE, NO TRATA2014
Ante los mismos videos explícitos, el grupo con comportamiento compulsivo mostró más deseo pero no más disfrute. Indica que desear y disfrutar pueden ir por separado; al comparar dos grupos en un solo momento, no permite saber cómo se llegó a esa diferencia.
Voon y cols., 2014
PLoS ONE
Límites de la evidenciaDiecinueve personas por grupo.
Ver la fuente↗DESCRIBE, NO TRATA2016
Veintidós hombres con conducta sexual compulsiva y 40 sin ella. Los primeros preferían más las imágenes sexuales nuevas, y su cíngulo dorsal se habituaba más a las imágenes sexuales repetidas que a las de dinero. A más habituación, más preferencia por la novedad.
Banca, Morris, Mitchell, Harrison, Potenza y Voon, 2016
Journal of Psychiatric Research, 72:91-101
Límites de la evidenciaMuestra pequeña de hombres, comparada en un único momento.
Ver la fuente↗Estos hallazgos ayudan a entender por qué hay quien siente que necesita contenido nuevo para sentir lo mismo, aunque ningún estudio ha seguido ese proceso en una misma persona a lo largo del tiempo. La propia CIE-11 incluye el obtener poca o ninguna satisfacción entre las señales del trastorno de conducta sexual compulsiva (OMS, CIE-11).
El deseo hacia la pareja también puede verse afectado. Un metaanálisis de 50 estudios con más de 50.000 participantes encontró que, en los hombres, un mayor consumo se asociaba con menos satisfacción sexual y en la relación (Wright y cols., 2017). Si notas cambios en tu respuesta sexual, en porno y disfunción eréctil tienes lo que se sabe y cuándo consultar a un médico.
En 64 hombres, más horas de consumo se asociaron con menos materia gris en el estriado, una zona del sistema de recompensa, y con menos conexión entre esa zona y la corteza prefrontal, la que frena los impulsos (Kühn y Gallinat, 2014). Es una foto en un solo momento: no puede decir si el consumo cambió esas zonas o si quien las tiene así consume más. Lo explicamos con detalle en qué le hace el porno al cerebro.
La Organización Mundial de la Salud recoge en la CIE-11 el trastorno de conducta sexual compulsiva, dentro de los trastornos del control de los impulsos, y el consumo de pornografía es una de sus formas. El DSM-5, el manual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, no incluye la adicción a la pornografía. Las señales que describe la CIE-11 sirven como guía para revisar tu propio consumo, sin que nadie te diagnostique por leerlas:
La CIE-11 añade un matiz: el malestar que procede solo de juicios morales sobre el propio consumo no basta para hablar del trastorno (OMS, CIE-11). Ese malestar importa igual, porque indica que el hábito se aleja de lo que valoras, y se puede trabajar sin ponerse ninguna etiqueta.
DESCRIBE, NO TRATA2022
La OMS recoge en la CIE-11 el trastorno de conducta sexual compulsiva, dentro de los trastornos del control de los impulsos; el consumo de pornografía es una de sus formas. El DSM-5 no lo incluye: en 2010 se propuso el trastorno hipersexual y se rechazó.
CIE-11 (OMS) y debate publicado, 2022
Gola y cols.
Sassover y Weinstein
Límites de la evidenciaEs una clasificación diagnóstica y no evalúa tratamientos.
Ver la fuente↗Para medir el uso problemático, los investigadores usan escalas validadas, que son cuestionarios cuya fiabilidad se ha comprobado en estudios. Dos de ellas son la PPCS, que tiene 18 preguntas, y el BPS. Ninguna diagnostica: indican si una persona está en riesgo y conviene mirar su consumo más de cerca.
El resultado depende mucho de la escala. En el estudio más grande que existe, con 82.243 personas de 42 países, el 3,2 % estaba en riesgo según la PPCS y el 16,6 % según el BPS, y los hombres puntuaban más alto que las mujeres (Bőthe y cols., 2024). Un metaanálisis de 22 estudios lo situó en torno al 13 %, con un intervalo del 8 % al 19 % (metaanálisis en Sexual Health, 2025).
Bőthe y cols., 2024 (82.243 personas de 42 países) y metaanálisis en Sexual Health, 2025 (31.566 personas de once países). Miden con instrumentos distintos, por eso las cifras no coinciden.
Si quieres una primera orientación, en el test de uso problemático tienes una escala validada con tu resultado explicado y sin etiquetas.
Dejar un consumo diario es posible, y hay métodos estudiados. Un metaanálisis de 20 estudios y 2.021 participantes encontró que la psicoterapia, sobre todo la terapia cognitivo-conductual y la de aceptación y compromiso, reduce mucho los síntomas y la frecuencia de uso (López-Pinar y cols., 2025).
Si te preocupa la abstinencia, hay un ensayo que la midió. Con 176 universitarios que veían porno al menos tres veces por semana, el 64 % de ellos mujeres, dejarlo durante siete días no produjo síntomas de abstinencia ni cambios en el ánimo frente a quienes siguieron como siempre. En un análisis exploratorio, las ganas solo se vieron afectadas en quienes tenían un uso problemático alto y consumían a diario (Fernandez y cols., 2023). Si es tu caso, conviene llegar a los primeros días con un plan para las ganas.
Estos pasos se inspiran en los componentes de esos tratamientos:
En cómo dejar el porno tienes la guía completa, paso a paso.
EverRise es una app de iOS en español para dejar el porno, basada en investigación científica. Empieza con un test que mide tu punto de partida y, al final, el test de los 90 días se compara con el del día 0. Incluye el cribado BPS sobre el uso de pornografía, y el PHQ-2 y el GAD-2 sobre el ánimo y la ansiedad, que no diagnostican y te recomiendan acudir a un profesional cuando hace falta.
Cuando el consumo es diario, conviene saber a qué horas te cuesta más. El pronóstico de EverRise te muestra el riesgo de las próximas 48 horas por franjas y tu momento más difícil, y el plan de prevención guarda acciones concretas para cada uno de tus momentos difíciles. El bloqueo de contenido se programa a tus horas de riesgo, el botón de pánico te acompaña cuando las ganas aprietan y, si un día recaes, conservas tu mejor marca, tus días acumulados, tu XP y tu oro, con un plan para las 48 horas siguientes.

En la app
El pronóstico muestra el riesgo de las próximas 48 horas por franjas y señala tu momento más difícil, para que llegues a él con un plan.
La frecuencia, por sí sola, no define un problema: en tres estudios húngaros, quienes veían porno a menudo sin problemas eran de tres a seis veces más que quienes lo veían a menudo con un uso problemático. Lo que marca la diferencia es el control y el costo: tiempo, deseo, relaciones y la distancia con lo que valoras. Si notas esas señales, vale la pena actuar.
La OMS no lo clasifica como adicción. La CIE-11 recoge el trastorno de conducta sexual compulsiva, dentro de los trastornos del control de los impulsos, y el DSM-5 no incluye la adicción a la pornografía. Lo que describe el trastorno es la pérdida de control durante meses con malestar o problemas importantes, no una frecuencia concreta.
No hay una cifra a partir de la cual empiece el problema. Las señales que usa la CIE-11 son de control: intentar reducirlo sin conseguirlo, seguir pese a las consecuencias, disfrutarlo poco y descuidar la salud, el cuidado personal o tus responsabilidades. Si reconoces varias, conviene revisar tu consumo con una escala validada o con un profesional.
La frecuencia baja reduce el tiempo que se va, pero lo que define un problema es el control y lo que el consumo te cuesta, también a una vez por semana. Si te molesta verlo, si te cuesta parar cuando lo intentas o si choca con lo que valoras, esas señales importan más que el número de veces.
En 64 hombres, más horas de consumo se asociaron con menos materia gris en el estriado y menos conexión con la corteza prefrontal. Otro estudio encontró que las personas con conducta sexual compulsiva sentían más deseo ante los videos pero no más disfrute. Son estudios pequeños y de un solo momento, que no permiten saber qué fue primero.
Empieza por conocer tus momentos de riesgo y cambiar el escenario donde ocurre: el celular fuera del dormitorio y un bloqueo a esas horas. Prepara una acción concreta para cuando aparezcan las ganas y trata cada tropiezo como información. La terapia cognitivo-conductual y la de aceptación y compromiso reducen mucho la frecuencia de uso, según un metaanálisis de 20 estudios.
Fuentes
Actualizado el 28 de octubre de 2026. Las cifras se presentan tal como las reportan sus fuentes.
EverRise no es un tratamiento médico ni sustituye a un profesional de la salud.
Un plan para cada día, herramientas para los momentos difíciles y un progreso que una recaída no borra.